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jueves, 18 de marzo de 2010

3 cosas quiero decir

3 cosas quiero regalarles:


1.
-
Pobre de seguro
que se lo llevó preso un refrán-

Pobre de mí
Que me lleva reo un afán-

Pobre de todos
Que en su egoísmo, no pueden ser uno.

Pobre del silencio
Que siempre lo callan-

Pobre del ruido
Que no lo dejan morir.

Pobre del olvido
Que tantos lo miman.

Pobre de la soledad
Que está siempre acompañada

Pobre de la selva
Que tiene un rey

Pobre del coraje
Que le tienen miedo

Pobre el pueblo
Que lo nombran en tercera persona

Pobre de las sombras
Que por no ser luz se forman y deforman

Pobre de todos los que no sean luz-

Pobre de la justicia
Que siempre le ponen precio.

Pobre de Dios
que en su nombre olvidan su esencia.

Pobre del diablo

Pobre de la naturaleza
Que cría cuervos que le pican los ojos.

Pobre de mi voz
que escribe pobreza y aprende a llorar.
-



2.
-
¿Vos sabés mirar con la mirada?
¿Vos sabés decir con la mirada?
¿Vos sabés pisar con la mirada?
¿Caminar?
¿Cantar?
¿Sabés callar con la mirada?
¿Sabés hundir con la mirada?
¿Podrías latir con la mirada?
¿Podrías sacar a volar una mirada con la mirada?
¿Amar?
¿Interrumpir el frío de la ciudad?
¿Vos sabés acariciar a un animal con la mirada?
¿Sabés desear con la mirada?
¿Podrías con la mirada crear un universo que diga quien sos?
¿Podrías con la mirada incendiar sentidos?
¿Podrías después con la mirada tomar las cenizas del fuego,
Y saber que eso es querer?
¿Vos podés hacer de tu mirada un océano,
donde las miradas naden, naveguen, se ahoguen?
¿Podés con las miradas?
¿Podés con los ojos tan abiertos como el sol?

¿Sabés suspenderte en las miradas?
¿y mirar con el corazón ardiendo de pasión?

Decime que sabés mirar así
Decime que me podés mirar.
-



3.
-
No necesito más palabras para decir lo que te quiero decir,
No necesito saber que es un decasílabo para hacerme sentir.
De hecho los decasílabos me chupan un huevo.
Todo eso son inventos del hombre:
como el dinero, como el fracaso, como la codicia.

No necesito más que mi mirada para hacer un poema,
Se lo digo a usted poeta de cinco letras soberbias,
Que la poesía nace del alma
Y yo a ella la llevo a todos lados
Con el valor de ser quien soy.

En el mundo me llamaré Agustín Marcenaro
pero mi alma no tiene nombre
...
Como la suya.

Así que firme sus libros,
Mientras mi cuerpo escribe
Y mi mirada: mira.
-


Ando ahí adentro.

Mis saludos,
gracias por aceptar mi regalo,
y no dejen de mirarle los dientes.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Cosas

Nadie con la posibilidad de razonar un misterio:
se quedaría de brazos cruzados.
Nadie: podría ser yo.
Yo podría ser nadie.
Pero ni yo ni nadie, podría ser alguno-
aunque algunos podrían ser muchos.
Si quisiese ser más explicito lo sería.
Y si lo fuese, podría ser que no lo quisiese.
A veces creería que supongo demasiadas cosas,
Y otras veces creo que las cosas creen más en mí que cualquiera.
A las cosas les escribo poemas,
y las cosas no agradecen, ni se emocionan.
Aunque para mí algo ocultan en su forma material,
tal vez sobredosis de sentimientos que les inyectamos- drogas - souvenirs que quedan acá-
Cosas, que son cosas, que son.
Están.
Estoy.
Estamos entre cosas.
Y la naturaleza, en su grandeza omnipotente, diosa inexplicable
si pudiese ser cosa, lo sería.
Y las cosas entre tantas cosas... sospecho: se mueren por llover.
A la naturaleza también le escribo poemas,
Y ella ni las lee, ni las siente.
Aunque dude, y vea en el tronco de esa palmera una sonrisa afectiva,
que me cuida y me mima como si fuese un nieto de mejillas gordas.
Sea como sea: es.
Es naturaleza todos los días. Lunas, estrellas, soles, flores.
Y las cosas todo el tiempo, ocupando espacios, sin ser menos,
se guardan en ella, poetiza que cada noche recita ausencias
hambre sabor a cartón y su olor de amor masoquista.
Lo hace
para que beba de sus tetas de mujer: leche que me incite a creer en lo que no escribo,
en esos suspiros famosos que cada vez dicen menos y se ocultan detrás de todo lo que soy.
Importa:
Rodeado de cosas, no las hago menos.
Las invento, las escucho y no le doy los gustos que me deben.
Igualmente se que
si las cosas escribiesen, me escribirían poemas.
Letras –arañazos de expresión que
quizás ni siquiera lea, que quizás ni siquiera sienta; yo tampoco.
Pero no me juzguen,
¿quién podría entender a una cosa siendo uno: una cosa tan distinta, siendo uno: naturaleza creadora?

De tanto gotearles mi mente,
No mire al papel que recibe mi tinta sanguínea,
Y de golpe zarpazo, la hoja se me ha puesto a llorar.
Por lo menos:
Ahora que llueves: cosa, ya no me tienes porque envidiar.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Se que hay un calor que nos buscA

Al tiempo arrepentido de mi destino
no se le puede decir nada.
Él es una bola de ego rodando a través de mis ganas,
recorriendo paciente mis horas,
alimentándose de mis fracasos como si fuesen empanadas salteñas

Escribo pidiendo a ruido de silencio que la mañana no me despierte,
que no me confunda con alguien más, que yo duermo de día,
que sueño cuando los pájaros intentan hacer melodías como las que hacía Bob Dylan.

Y entre tanto discurso de amor,
entre tanto ídolo retorciéndose en su infierno,
entre tanta rosa venida a menos,
entre tantos cuerpos escasos de pasión,
entre tanta jaula pintada de libertad,
entre tantas manos trabajando para otras,
entre tanto suicidio masivo en colectivo a la hora pico,
entre tantas lágrimas buscando perdón,
entre tanto, se que hay un calor que nos busca,
un calor similar al que logra una chinche al disfrutar de la carne bañada en sangre de algún pie distraído que jamás pensó merecer semejante dolor,
un calor padre de Adán, hijo de Eva, un calor desnudo que se desnudaría frente al espejo de sus dudas, sí las tuviera.

risas
Y si la tierra gira es por el escalofrío que le da el ser parte del universo.


“Te explique unas 5 veces querida que ella es una amiga”
Le dice él recordando a Sabina y sus mentiras piadosas.
“¿Vos te pensas que vas a hacer lo que querés?”
Le dice el padre a su hijo, repitiendo lo que una vez su padre le dijo.
“Sos el amor de mi vida, sin vos no puedo vivir”
Me dijo ella creyéndose que lo sentía, haciéndome creer que lo podía sentir.
“¿Qué me decís?” te pregunto yo a vos, buscando una respuesta en tu mirada.
Sólo en tu mirada, -SOLO- con tu mirada para que no me distraiga tu boca, para que no me distraigan tus palabras.
“¿Qué te digo?”
Te digo que tengo más de un sueño y que no los quiero soñar en una cama de dos plazas.


Willy Ronis, "le petit parisien"