Este poema en poco tiempo cumplirá un año de vida. Hoy me decido a subirlo a Bubón Bardo, después de comprender algo muy hermoso que me comentaron sobre el instinto. Sentimientos lejanos, apartados de mí, que habitan en esta poesía que les presento:
Fierro helado golpea en mi nuca.
duele su destreza y como mueve sus uñas.
No me lo esperaba, tal vez por eso muestre aquel dolor.
Es que siempre fui el ciego que miraba el otro suelo,
el suelo absurdo de la ternura que exportaba
mi alma galardonada por la esperanza.
Capital de mis penumbras, ahí peloteaban los enanos dueños
del timbre mudo de las puertas del futuro.
Y yo no fui capaz de apoyar mi oreja para escuchar como defecaba en mi garganta
toda su valentía, ni levante la mirada para caminar por el mañana aburrido que me gritaba huevadas.
Fui un cerdo deseando convertirme en el jamón sabroso que jamás volverías a probar y ahora soy el jinete que cabalga tus añoranzas, ya venidas a menos por las horas,
por el tiempo que paso entre tu prosa y mis versos.
La mentira levanta los brazos al cielo porque el miedo le vendió una
historia de planes perversos, cargados de la violencia que la ira
me solía mostrar.
Ella juega en la salsa de los ricos condimentos que
buscaba degustar, yo el mismo pimentón disfrazado de pimienta, para
saborear su lengua, para tocarle las tetas y sentirme el dueño
de su cama, de su cara y de su concha.
Le hago sentir que no va poder volver a sentir ese ardor, pero en
el fondo de mis ganas se esconde una idea igualitaria que anula
la clave marcada por las manos de mis sinceridades.
Chau M, llévate el postre en una bolsa, mis dedos y milongas y mi
carreta a punto de volcar los melones juguetones que no quisiste probar.
Chau M, anda a buscar un lugar donde la contractura de tus pies no te haga extrañarme, donde tus libertades prostitutas no se hagan las boludas y crezcan con fuerza al cielo de mi destierro.
Chau M