lunes, 8 de marzo de 2010

*el tiempo pasa... yo también

(Primer relato en Bubón Bardo.)



Ando por aquí, trabajando, buscándome sin buscarla, apunto de encontrarla....y no se de quien hablo o si, pero no.

Lejos de ese renglón, de ese tema, hay algo:
ELLA volvió a llamar, a charlar, a contarme cosas.
Quizás la vea pronto, quizás no, todo depende de un depende.
Lo cierto es que NO me tiene atado, aunque mi cabeza se desarme en partículas ínfimas que llevan su nombre, cada una sujetando un recuerdo y echándolo a volar.
Esas partículas ínfimas se llaman: Melanie 1, Melanie 2, Melanie 3, Melanie 4, Melanie 5, Melanie 6 y así hasta llegar al número que se olvidaron de inventar.
Igualmente juego a las escondidas, y cuando me escondo es para tocar el timbre y salir corriendo. Lo interesante de jugar un sólo juego, un día me aburrió.
Y eso: que no me aburro nunca.
Aunque "nunca" no siempre sea "nunca".

Y tengo una fotógrafa en la cabeza. La vi ayer, mientras trabajaba de camarero en un casamiento-
Ella sacaba fotos y miraba y sacaba fotos, y yo la miraba como sacaba fotos y la miraba, y ella sacaba fotos y miraba y sacaba fotos.
Creo que hacía más que eso, pero parecía que sólo sacaba fotos.
No se porque me atraía/atrae (no puedo dejarlo en pasado), el tema es que: -a ojos imantados no se les discute.-
Me conmovía verla entre la gente, tan distinta, digamos que casi no era gente, no ESA que la rodeaba; su pañuelo en la cabeza era un detalle fotográfico, no se si les conté: ella sacaba fotos.
Poco le pude hablar, en realidad mi hablar eran palabras sueltas que salían de mi boca como aviones-jet piloteando a su mirada. Algo me decía que tenía novio, los aviones se me volvían abejas, y no me gusta me confundan con mosca. Porque ante tanta miel, una abeja puede volverse mosca y no era mi objetivo en lo más mínimo. Ni siquiera ese objetivo que no tenía.
Pero como al mismo tiempo, soy un martillo ensañado con los clavitos, separé un par de neuronas y las puse a imaginar un plan (nada autoritario, a ellas les encanta imaginar).
El problema era que la velocidad de mi actividad no me daba lugar a responder a ninguna imaginación-plan-ganas.de.saber.su.nombre.
Entonces, hice.
Tomé un pedazo de papel en blanco que estaba sobre la barra, le arranqué un pedazo; tomé una lapicera, y escribí:
“ESPERO QUE ESTE PAPELITO ME AYUDE UN POCO - AGUSTIN MARCENARO - agumarcenaro@hotmail.com –“
Replantee varias veces la idiotez hasta que entendí que valía la pena.
Ahora tenía que encontrar la forma de hacérselo llegar.
Miré a la puerta. En algún momento ella si iría y ese momento podía llegar en cualquier momento, y si yo llegaba a estar en otra zona del salón en ese preciso momento, entonces todo sería un gran desperdicio de imaginación. Todo eso pensé en ese momento y me propuse ser menos reiterativo, aunque claro, sólo fue un momento.
“Demasiadas vueltas Marcenaro!”
Miré otra vez la puerta, a su lado había un hombre pelado, bronceado, con un chalequito bien prolijo. Se ocupaba de abrirle la puerta a quienes abandonaban la función. Sus ojos me confirmaban, lo que mis neuronas imaginaban: el señor puede ayudarme.
Me dirigí a él, rápidamente lo aturdí: "Capo, me tenes que ayudar!". Entre gente del palo nos entendemos, creo que vio a mis -aviones-jet-abejas-ganas.de.saber.su.nombre-moscas- en acción. No tuve que explicarle mucho para que accediera y aceptará a mi idea de acercamiento ansioso y feroz.
Le di el papelito, le pedí que se lo diera, “a la mujer hermosa esa que lleva una cámara de fotos en sus manos”, antes de que se vaya.

El tiempo transcurrió, como de costumbre.
Desde el ventanal del patio percibí su salida con un andar lejano, ella se iba... “el señor de la puerta le abre, la saluda y... y ella se va, y se va y se va y se fue!” ...
“¡¡¡¿¿¿y el papelito???!!!!” me pregunté a las puteadas, sintiéndome, ahora si: un idiota.
Dejé a un compañero solo, cargando con una mesa, y fui a encarar al pelado (si a esta altura dejó de ser el capo de la puerta que me iba a ayudar, ahora era el pelado de mierda que no le dio le papelito a la fotógrafa del pañuelo que sacaba fotos.) Me quería cortar las venas con un grisin.
Le dije: “¡¡¡¿¿¿y el papelito??’!!!” el síntoma de idiotez adquirió un mayor volumen.
Respondió: "Se lo dí antes. Mucho antes de que se fuera. También le comenté que era de parte tuya: el pibe rubio alto que se hace el camarero." Sonrió con sonrisa de guiño amistoso.
Respiré tan profundo que creo que me tragué los pulmones.
El señor volvió a ser el capo de la puerta, más que eso en realidad: era el pelado groso, genio, ídolo que me hizo la segunda; “AGUANTE EL PELADO, LOCO!” me alentaba. (Después nos tomaríamos unas cervezas escuchando como uno de su amigo no paraba de hacerle chiste sobre la calvicie)
A todo esto, el remis se iba con la fotógrafa adentro; vi su pañuelo por última vez.
Se me vinieron a las neuronas imágenes de la noche, ella sonriéndome al pasar.
Baje a tierra y me di cuenta:
En esas últimas miradas que nos dimos, ella me exageró una sonrisa con un “gracias” elevado a lo imposible, mientras que yo, extrañado ante tanta expresión sin fundamentos, atiné una sonrisa inocente escondiendo al iluso que entendía que ella iba a ser la sorprendida, cuando la fotógrafa ya sabía que yo era el pibe rubio alto que se hacía el camarero.
Para ser exacto, me creí el invitado de honor y resulté siendo el banquete a punto de servirse.

.
Hoy es de tarde, me desperté hace unos minutos de la noche de hoy.
No se nada de la fotógrafa, estoy a la espera.
Me acordé algo de mi, y ya lo estoy olvidando.
Y supongo que cada vez que lo recuerde, lo estaré olvidando.

Pero llevo conmigo una verdad que no miente, que no se compra ni se vende, y que estará conmigo –siempre-, ahogándose en mi complicidad;
se llama:

*el tiempo pasa... yo también.




En la foto: el "yo también".
De fondo no está el espacio, sino el Río de la Plata en una noche de tormenta.
La fotografía, al igual que la bici roja, son de mi amigo Nacho Ponce, compañero de aventuras en "*el tiempo pasa".


hasta próximas letras.

6 comentarios:

La Vagni dijo...

Hay que saber reconocer que es banquete y que es simple merienda. Pero además hay que conocer los sabores del banquete, muchas copas de vino fueron servidas con cianuro.
Puede resultar muy seductor el olor del riesgo, pero solo si se lo sabe disfrutar a tiempo, de lo contrario sería ganarse un certificado de idiotéz o peor aún darse cuenta de que que el tiempo pasa "pero los idiotas nunca".
Buena escena para un cortito, y para la construcción del personaje. Besos a Nacho!

Ricardo Marcenaro dijo...

me sacás de tus listas por favor, no quiero recibir nada tuyo

Bubón Bardo dijo...

tenes que sacarte vos. Yo no puedo.

alicia herrera dijo...

HOLA AGUSTÌN.......ME ENCANTÒ ÈSTA NUEVA MANERA DE EXPRESARTE, EL " EL TIEMPO PASA.....Y YO TAMBIÈN", PORQUE MUESTRAS LA OTRA PARTE TUYA, DONDE , COMO BIEN DICES, LA IDIOTEZ Y TUS NEURONAS MAQUINAN LA IMAGINACIÒN A TODO GALOPE Y DEMÀS.....LA HISTORIA ME ENCANTÒ Y A VECES SÌ, EN LA VIDA SOMOS PARTE DE UN GRAN BANQUETE Y OTRAS NO....EXCELENTE FLACO , RUBIO Y ESTUPENDO..........GRACIAS AGUSTÌN. BESOS.

Paula Sol dijo...

Me gustó el relato, sé lo dificil que es escribir prosa , o algo aprcido, para los que no estamos acostumbrados. La historia te atreapa, te perdés en la mente de ese personaje... un abrazo!

Anónimo dijo...

MÁGICO COMO SIEMPRE....LO DEMÁS...? ALGÚN RATO EN EL CHAT.
BESOS PIRATA.