jueves, 7 de mayo de 2009

Acelga 0.99

Acelga 0,99,
a sus pies paltas machucadas.
Camino calles negras bien iluminadas
la gente pasa mirando las vidrieras
yo los miro a ellos
no hablan pero no paran de decir
GRITAN en sus cuerpos abrigados.

Pasos.
Dos policías no entienden su uniforme.
Parado un hombre que se acomoda el bigote.
Más pasos.
Desentendidos, una pareja se esquiva las manos.

Conducen seres.

Un 37 me refriega sus pasajeros en la cara
atento, miro si alguien brilla en él,
NADA,
un confuso vacío de cuerpos oscuros,
de miradas ilegibles y predecibles.

Una cumbia se desata de un kiosco.

Bastones sosteniendo ancianos.

La esquina explota de infelices soportándose,
una señora me choca con su cartera, se da vuelta y me dice: Perdón.
No pude modular para responderle, tan callado como un callado más
me resguarde en mis pensamientos.

Una chica no muy chica me mira al pasar,
desde abajo me observa cual un Dios.
Sí supiera cuan pequeño soy,
si supiera cuan diminuto me hace la traición,
cuan infértil me forma el dolor.

El cielo mira.
Pienso:
El mundo es un inmenso bastardo pisándote los talones,
y a mi lado bastardos ignorando serlo.
Sí, yo otro bastardo ignorándome.

Y otro policía, éste con planilla,
éste entiende su uniforme
pero no entiende por qué lo viste, por qué lo usa.
Fuma.

Tal vez te cruce.
Flash: bajabas de algún medio, corrías a mí sonriendo, dispuesta a besar.
Otra NADA. Esta dolió, me devolvió peor.

Pisadas varias.

Una rápida:
No tiene menos de ochenta años, avanza a paso acelerado,
jamás pensó en la muerte, mujer. Jamás pensará en la muerte.
Y aquí no dejo de pensarla, la castaña muerte de ojos miel
que brilla tanto al reír como al llorar,
mi muerte de piecitos tiernos y manitos con arrugas suaves
mi muerte de pasado anestesiado, que no se deja pisar.

Me aplastan con sus botas, granaderos del orden establecido,
con horarios y marionetas de piel.
Sangre no se muestra, ni se huele.
Se esconde en sus venas, en lo más hondo.

Jogging elasticado. Podes pagar en cuotas con Visa o MasterCard.
Diecisiete pesos con noventa.
¿Qué miro?
No, no quiero serlo.

Edificios altos, publicidades agobiantes, luces enfermizas,
mi cabeza toma vuelo, estiro el cuello,
abro la boca, muestro los dientes,
la lengua reina, mis brazos trepan por los balcones,
macetas caen, la gente sigue...
sobrepaso el límite, grito al mundo en un silencio atronador.
Hola Luna, al fin te encuentro.
Por favor, matame, que me intriga LA verdad.


2 comentarios:

Mónica dijo...

Me encanto!
me llego cada palabra, cada frase, cada oracion. es increible lo que logre sentir al leerlo.
Que mas agregar que un orgullo de la familia.
TE AMO.

La Vagni dijo...

T escribí pero no se donde fue a parar que no lo veo, no era importante pero decía esto:
Hey!! volvío acelga, te hice acordar indirectamente? Tu puesta también podríamos hacerla en este lugar.. te lo dejo picando! bs