Me razono King Kong,
¿No miran mis ojos acaso?
¿No ven?
Los disparos,
su barbarie uniformada de gris muerte tiñendo de rojo sangre su letargo.
Interrúmpanse en mí –adentro: soledad inmensa descargando emociones.
Sólo sus gritos, mi furia, llanto en desahogo iracundo.
Blanco de negro,
trepo,
miro por encima de sus cabezas,
caeré
y
palmaré como ese mono tierno tildado de bestia por las bestias.

